martes, 5 de abril de 2011

Mi fe personal


Si podemos imaginar que existe un estado de cosas muy peligrosas sabremos que, de todo lo pensado no tenemos conclusión o solución. Los paraísos cuentan anécdotas en las que suelen verse compensadas vaguedades en detalles por brillantez y, la moraleja se reduce a una simple palabra: P r u d e n c i a. Esta cuestión ha sido ligada a la ciencia o, si me lo permiten, a la mitociencia. En el barril de las excusas tenemos un sin fin de gloriosas vaguedades que tienen la cualidad de embonar bien en el molde irracional; La escéptica atmósfera del laboratorio científico no tiene ninguna función conducente para las sensibles fuerzas involucradas. Criminales o fanáticos de la objetividad, las verdades a nivel humano que no se prestan a las pruebas científicas en ocasiones tan simples como ensayos de doble ciego, por ejemplo, son el contraataque obvio e inmediato del coraje intelectual. Las verdades, justo como se pueden leer en Alan Sokal y otros filósofos de los que apenas tengo idea, ponen al científico en el ya mencionado alguna vez, acoso filosófico. Según algunos, al afirmar que el método científico, incluyendo matemáticas y lógica, es una vía privilegiada hacia la verdad se está llevando a cabo en ello un acto de fe personal; por lo tanto nuestra fe personal es la que curiosamente nos lleva a elegir nuestra clase de verdad, una verdad que bien puede ser modificada o sustituida por otra ¿Otro contraataque al coraje intelectual? Estoy de acuerdo en que los cambios basados en los méritos son raros, lo digo fácil pues mi sistema de creencia no está plantado en uno de lealtad particular, pero puedo decir que la comunidad obsesiva de ¨búsqueda de la verdad¨,puede estar segura de que su propósitos sea falseable y, orgullosa de, en ocasiones, más que una aproximación. Esta última cuestión es nuestra salvación contra el ilustrado Popper y uno que otro popperiano, pues sus posturas parecen estar más basadas en las curiosas ¨verdades¨ de Newton y Einstein, caso en el que es bastante aceptable que estas no sean otra cosa más aproximaciones. No hay verdad absoluta. Tus verdades científicas son meras hipótesis que hasta el momento han podido ser refutadas, pero que están destinadas a ser reemplazadas por otras. En el peor de los casos, tras la próxima revolución científica, las verdades de hoy parecerán pintorescas y absurdas, si no directamente falsas.¨ Thomas Kuhn.

Frenéticos de sentido podemos notar, o no, que esto tiene uno muy curiosos e interesante; todas nuestras percepciones sensoriales pueden ser consideradas, como hipótesis acerca del mundo que bien pueden ser vulnerables al cambio, pero, tal vez y sólo tal vez, una línea del pensamiento que nos lleve a imaginar nuestras percepciones como modelos hipotéticos puede llegar a perderse entre la línea de la realidad y la ilusión, a menos que nuestra línea tenga una raíz escéptica en la realidad.Aun cuando nominalmente se trata de hipótesis bajo palabra, estas afirmaciones son verdaderas exactamente en el mismo sentido en que es verdad que el lector posee una cabeza y que mi escritorio es de madera. Si las verdades científicas son vulnerables a la duda filosófica, no lo son más que las verdades de sentido comúnRichard Dawkins como siempre proclama justicia en nuestras objeciones filosóficas. La sentencia contra la que la ciencia, bien hecha, se enfrenta es la inclinación por lo anecdótico, particular y personal. Las ilusiones pueden o no ser más fuertes que la estadística, y cuando está nos muestra lo contrario a lo ¨idealizado¨ no nos gusta, no funciona. Vemos caras en las nueves, imágenes divinas en tortillas y panes, la fortuna en las hojas de té y un gran etcétera, pero, como decía John Diamond: La mente humana debe aprender a desconfiar de su innata tendencia a salirse con la suya y ver patrones allí donde sólo hay azar. Qué cada quién deposite su confianza y sus deseos – o su fe personal- donde le parezca correcto o vagamente coherente.